Poussin (1594-1665)

NICOLÁS POUSSIN (1594-1665) PINTURA BARROCA FRANCESA CORRIENTE CLASICISTA

Pintor francés; fue el fundador y máximo representante de la pintura clasicista francesa del siglo XVII. La lógica, el orden y la claridad fueron virtudes esenciales en su trabajo y ha influido de manera decisiva en el devenir del arte francés hasta nuestros días.

Poussin nació cerca de Les Andelys, Normandía, en junio de 1594, en el seno de una familia campesina. Estudió pintura en París y quizá también en Ruán. En 1624 viajó a Roma, donde permaneció el resto de su vida, salvo una estancia de 18 meses en París entre 1640 y 1642. Sus primeras obras romanas reflejan las abigarradas composiciones y las animadas superficies que caracterizaron el manierismo de mediados del siglo XVI.

Alrededor de 1630 su estilo empezó a cambiar, alejándose de la emergente exuberancia del barroco para dedicarse por entero a su pasión por la antigüedad, enfocando su pintura sobre todo hacia asuntos bíblicos y mitológicos.

Adopta un tamaño más bien pequeño para composiciones históricas o mitológicas, entre las cuales dominan primero las bacanales, los «cortejos», o «triunfos» decorativos (El Imperio de Flora, 1631; Dresde), después las meditaciones alegóricas en una gama clara (La Inspiración del Poeta, Louvre), llegando a composiciones que recuerdan bajorrelieves antiguos (Moisés salvado del Nilo, 1638; Louvre).

En 1639 Luis XIII llama a París al artista, ya ilustre, para decorar la gran galería del Louvre con la Historia de Hércules.

Vuelve a Roma en 1642, para siempre, vive modestamente cerca de la plaza de España, con su mujer, Madeleine Dughet. Trabaja intensa y lentamente para cumplir con encargos tanto romanos como parisinos, charlando al anochecer en la plaza con un grupo de admiradores y discípulos, a veces paseando por la campiña romana, donde toma muchos apuntes del natural. Su arte evoluciona desde su vuelta de Francia hacia un estilo más tenso y grave; ocupan lugar preferente los asuntos religiosos (Los Siete Sacramentos pintados para el aficionado francés Chantelou) y los temas históricos, que exaltan el estoicismo, la victoria del hombre sobre las pasiones y el destino (La Continencia de Escipión, El Entierro de Foción, 1648; Louvre). En sus últimos años, este estilo a veces algo seco se va renovando por la creciente importancia del paisaje, que relega a los diminutos protagonistas a un papel secundario (Apolo y Dafne, las cuatro estaciones a través de episodios bíblicos: El paraíso terrenal, Ruth y Booz, Tierra de promisión, El Diluvio, en el Louvre).

A través de sus 40 años romanos, aparece como el prototipo del artista exigente, culto, reflexivo, que siempre controla la inspiración con la razón, tal como se representó a sí mismo en su admirable Autorretrato del Louvre. No tiene la menor duda sobre la supremacía de la pintura de historia. Grecia y Roma, la Biblia y el Evangelio, son sus fuentes casi exclusivas. Pero en estos episodios le preocupan ante todo la claridad de la acción, el ritmo plástico de la composición, preparada muchas veces por maquetas de barro («hay que empezar por la disposición»), la verdad psicológica («la verosimilitud y la razón por todas partes») de los gestos y expresiones, la primacía del dibujo sobre el color. Y este arte tiene como meta, en sus momentos líricos, una serenidad noble y melancólica, la de los Pastores de Arcadia del Louvre: meditación en un paisaje idílico sobre la presencia de la muerte; la del Parnaso del Prado: el cortejo grave de Apolo y de las musas ante la hermosura de la ninfa Castalia.

Poussin fue un artista mucho más rico y complejo dé lo que se creía. Existe, sobre todo en su juventud, un Poussin «barroco», o mejor dicho persiste la lucha entre un temperamento fogoso y la inteligencia voluntaria que le frena; muchas veces una primera versión dinámica y algo confusa, pintura o dibujo, se va depurando, clarificando (así para los Raptos de las Sabinas, de Nueva York y del Louvre, y para varias Bacanales). Existe un Poussin «colorista», no sólo por la perfecta y delicada armonía de los tonos, sino también por alardes imprevistos (como el extraño caballo blanco sobre el cielo rojizo del crepúsculo en Tancredo y Clorinda, Ermitage); un Poussin que no es indiferente al claroscuro o al nocturno (así en las series de los Siete Sacramentos). Y se ha podido hablar del «voluptuoso Poussin», con un sentido grave, pero muy pagano de la belleza del cuerpo femenino; pintor que elogiaba la belleza de las mozas de Nimes, comparándolas con hermosas columnas, aparece en sus Venus, sus Galateas, sus Bacantes como un continuador de Tiziano.

Pero sobre todo es un paisajista admirable. Aunque sus estudios del natural estén elaborados después en la arquitectura del «paisaje histórico» modelado por el hombre, donde en escenarios de montañas y ríos van adornados con templos, sepulcros o columnas que recuerdan las grandezas de Roma, hay en el pintor una extraordinaria sensibilidad para la luz, el agua y los árboles.

Murió en Roma el 19 de noviembre de 1665.

Murillo (1618-1682)

BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO (1618-1682) PINTURA BARROCA ESPAÑOLA ESCUELA SEVILLANA

Bartolomé Esteban Murillo nace en Sevilla donde consta la fecha de su bautizo, en 1618, en la iglesia de La Magdalena. Fue uno de los más importantes pintores españoles de la escuela barroca sevillana. De familia acomodada (su padre era cirujano) debió tener una infancia tranquila. En 1644 ingresa en la Hermandad del Rosario de la parroquia de La Magdalena y también perteneció al Gremio de Pintores de San Lucas. Se casa en 1645. En torno a esta fecha comenzó a recibir numerosos encargos que le consagrarían como pintor favorito de su ciudad natal. En 1568 viaja a Madrid donde debió permanecer dos años y donde conoció a Velázquez. Trabaja sobre todo para las órdenes religiosas. En 1660 funda una Academia dedicada a la formación de artistas que fue apoyada por la la aristocracia sevillana y que desaparecerá años después, aún en vida del pintor. Muere en abril de 1682, como consecuencia de una caída durante la ejecución del retablo mayor de la iglesia de los Capuchinos de Cádiz.

Murillo fue un hombre de gran devoción y una religiosidad acorde con la ideología de la Contrarreforma que nos transmite en la concepción de sus obras.

Su estilo presenta un claro dominio del dibujo, la luz, el color y la composición. Evoluciona desde la influencia inicial del naturalismo tenebrista hacia una paleta cada vez más variada y una factura suelta, con personajes realistas y populares, recreándose en la representación de los objetos que acompañan a las escenas. Es un estilo humano que llega a los fieles para acentuar su fe a través de la emoción tranquila y sosegada, sin cruenta teatralidad, fomentando una devoción sentimental.

Aunque realizó algunos retratos y autorretratos, su fama la adquiere con sus obras de tema religioso y las que representan la picaresca infantil de la época.

Entre la multitud de obras religiosas realizó pinturas para retablos y altares, series como la del desaparecido convento de San Francisco, en Sevilla, a la que pertenecían San Diego dando de comer a los pobres y La cocina de los Ángeles, los cuadros encargados para la Hermandad de la Santa Caridad con pasajes evangélicos sobre la Caridad (la Multiplicación de los panes y los peces, la Curación del paralítico, el Regreso del Hijo Pródigo), una serie de lienzos para la catedral de Sevilla (San Isidoro, San Leandro, el Bautismo de Cristo, San Antonio). Son muy importantes los cuadros relacionados con la infancia del Niño Jesús (La Sagrada Familia del pajarito, El Buen Pastor, los Niños de la concha) con los que conmueve a los fieles por medio de la ternura que inspira. También realizó Vírgenes con el Niño, con influencia de Rafael. En consonancia con la ideología de la Contrarreforma difunde la representación de la inmaculada concepción de la Virgen, siendo significativas sus Inmaculadas (la del Museo de Sevilla, las del Museo del Prado) en las que representa a la Virgen como una mujer joven, de gran belleza, vestida de blanco y azul, dirigiendo su mirada al cielo, rodeada de ángeles y nubes y pisando una serpiente o una media luna, símbolo de Lucifer.

En sus obras realista, de género, muestra gran delicadeza en la representación de los pícaros y mendigos y rehuye la plasmación del dolor y la miseria mostrando la triste realidad con una visión amable que inspira la caridad. Así podemos comprobar en El niño espulgándose, Niños comiendo uvas, Niños comiendo melón, La pequeña vendedora de fruta, Vieja espulgando al niño o Los jugadores de cartas.

Rubens (1577-1640)

PEDRO PABLO RUBENS (1577-1640) PINTURA BARROCA FLAMENCA

Pedro Pablo Rubens nació en 1577 en Siegen (Westfalia) donde se había exiliado su padre, calvinista, debido a la persecución religiosa de los protestantes en Flandes. Tras la muerte de su padre, su madre regresó con sus hijos a Amberes donde se convirtieron al catolicismo. Fue entonces cuando decide hacerse pintor y acude, como aprendiz, a talleres de pintores flamencos menores de influencia manierista. Su precocidad le lleva a adquirir el rango de pintor a los 21 años. Como otros artista viaja a Italia donde conoce en Venecia la obra de Tiziano, Tintoretto y Veronés y en Roma la de Miguel Ángel y Rafael. De todos ellos va a tomar rasgos que influirán en su estilo propio así como la escultura antigua, especialmente la helenística por su dinamismo. Su estancia en Italia coincide con los inicios de la pintura barroca (Carracci, Caravaggio)

El duque de Mantua, Vicenzo Gonzaga, le contrata durante nueve años en los que copia pinturas renacentistas y realiza obras propias. En Italia se convierte en caballero actuando incluso como emisario del duque ante Felipe III de España y adquiere reconocimiento como artista de gran importancia.

Al morir su madre (1608) regresa a Amberes donde va a ser considerado como el pintor flamenco más importante por lo que será contratado por el burgomaestre de la ciudad. En 1609 se casa con Isabel Brandt y pasa a ser pintor de corte de los virreyes de los Países Bajos, el archiduque Alberto y su esposa Isabel Clara Eugenia, infanta española. Para ellos trabajará también como diplomático, entre 1622 y 1630, en diferentes cortes europeas viajando a España donde trabaja para Felipe IV y conoce y asesora a Velázquez.

La multitud de encargos que recibe, tanto de Flandes como de otros lugares (la reina de Francia María de Médicis, Carlos I de Inglaterra, los Habsburgo de Austria y de España) le obligó a establecer un taller en el que los aprendices colaboraban en la realización de las obras de su maestro. También trabajó para la Iglesia que veía su estilo apropiado para la propaganda de la Contrarreforma.

La riqueza que le proporcionaron los encargos le llevó a construir en Amberes una residencia al estilo italiano, a formar una importante colección de obras de arte y a poseer una residencia de campo, el castillo de Steen, donde vivió desde 1630, tras casarse con Elena Fourment (su primera esposa había muerto en 1626), hasta su muerte en 1640.

El inconfundible estilo barroco de Rubens presenta pincelada amplia, colorido cálido, luminoso y alegre, composiciones en las que domina el movimiento por medio de la línea curva, el predominio de esquemas en diagonal, el gusto por el desnudo de gran sensualidad, sobre todo el femenino, en el que repite un tipo de mujer entrada en carnes, de rostro oval (utilizando a veces como modelo a su esposa Elena Fourment).

Cultivó todos los géneros realizando obras de grandes dimensiones.

Entre sus obras religiosas destaca El tríptico de la erección de la cruz, para la catedral de Amberes, El tríptico del descendimiento de la cruz, para la capilla de los arcabuceros de la catedral de Amberes, La adoración de los Magos del Prado, así como lienzos con martirios y apoteosis de santos y la serie de Alegorías de la Iglesia y la Eucaristía.

Realizó importantes series alegóricas como la encargada por María de Médicis, Reina de Francia, para el palacio de Luxemburgo.

También son importantes los retratos de su mujer y sus hijos, los cuadros de temas festivos como El jardín del amor (que influirá en la pintura rococó), las representaciones de campesinos con paisaje campestre de gran naturalismo como El regreso del campo, El arco iris o Danza de campesinos.

Además son temas preferidos por el pintor, sobre todo en su período final, los de contenido mitológico. Así, a su paleta se deben, entre otras, Las tres Gracias, El juicio de Paris, El rapto de Proserpina y El rapto de las hijas de Leucipo.

La obra de este pintor flamenco que fue uno de los más importantes del siglo XVII, siguió siendo apreciada tras su muerte e influyó en artistas de estilo y épocas diferentes, como Watteau en el siglo XVIII o el romántico Delacroix en el XIX.

Caravaggio (1573-1610)

MICHELANGELO MERISI CARAVAGGIO (1573-1610) PINTURA BARROCA ITALIANA

Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio, nombre de la localidad del norte de Italia perteneciente a la región de Bérgamo donde nace en septiembre de 1573. De familia acomodada al ser su padre arquitecto al servicio de los marqueses de la ciudad, tras un período de formación en Milán, pasa a Roma en 1593 donde pasa a trabajar en el taller del pintor manierista Giuseppe Cesari. En torno a 1600 ya se le considera un pintor importante con un estilo muy personal que influirá en la pintura europea del siglo XVII. Fue un artista independiente y rebelde, de personalidad fuerte y vida azarosa que le hizo huir de la justicia en diversas ocasiones (en 1600 por aparece ya fichado por la policía romana), de modo que no deja se sorprender su conducta pendenciera con la sensibilidad por la belleza que refleja en sus obras. Su particular modo de entender la pintura le supuso el rechazo de sectores conservadores del público y del alto clero que preferían obras de "grandeza y belleza" más apropiadas a la esencia de las representaciones religiosas por lo que rechazaban sus cuadros sin comprender la trascendencia de un lenguaje popular que acercaba hacia los personajes y hechos religiosos más cercanos debido a su apariencia de seres corrientes y por lo tanto cercanos.

Sus clientes y mecenas principales pertenecieron sobre todo a la tolerante aristocracia romana, aunque también trabajó para algún cardenal (Francesco María del Monte, Scipione Borghese, Montalvo) y para órdenes religiosas (dominicos, agustinos, carmelitas). De ellos recibirá los encargos de sus obras más importantes: la decoración de la capilla Contarelli en San Luis de los Franceses y de la capilla de Santa María del Popolo, ambas en Roma.

Para sus obras toma como modelo la realidad y se inspira en modelos populares, gente de la calle (incluso mendigos, golfillos...) sin realizar idealización alguna tanto para sus obras profanas como religiosas. Alejado de los ideales clásicos tiende a composiciones asimétricas, encuadres cercanos y fuertes contrastes de luz que proporcionas dramatismo a las escenas, con fondos oscuros que logran que el espectador fije su atención en los personajes, en sus gestos y en los objetos más significativos. Este estilo en el que combina realismo y contrastes luz/sombra se denominará Tenebrismo y va a tener gran repercusión e influencia en la pintura del XVII y en pintores como Ribalta, Ribera, Zurbarán, Velázquez, Rembrandt....

Realizó obras de temática popular (Muchacho con cesta de flores, La Buenaventura) y mitológica (Baco, Baco enfermo) pero sus obras maestras son las de contenido religioso (Descanso en la Huida a Egipto, Flagelación de Cristo, Entierro de Cristo, Resurrección de Lázaro...), siendo las más importantes La vocación de San Mateo y El martirio de San Mateo que realiza entre 1599 y 1600 para la capilla Contarelli de la iglesia romana de San Luis de los Franceses, así como La crucifixión de San Pedro y La conversión de San Pablo realizadas entre 1600 y 1601 para la capilla Cerasi de la iglesia romana de Santa María del Popolo. Ambos encargos fueron los más importantes que tuvo el artista por su envergadura.

En julio de 1610 muere de malaria, a los 37 años, dejando en relación con su corta existencia una copiosa obra y sobre todo una nueva manera de concebir la pintura que le trascendería.

El Greco (1541-1614)

DOMENIKOS TEOTOKOPULOS EL GRECO (1541-1614) PINTURA MANIERISTA ESPAÑOLA

El Greco (= el griego) fue un importante pintor de origen griego, formado en Italia y que trabajó en España.

Nace en Candía, Creta, en 1541, lugar en el que comienza a trabajar recibiendo influencias del estilo bizantino e italiano como se puede percibir en obras tales como el Tríptico de Módena. Hacia 1567 llega a Venecia donde entra en contacto con el taller de Tiziano de quien asimila el colorido y conoce y admira la obra de Tintoretto quien le influye en la composición de las figuras y en la realización de espacios de gran profundidad. Bajo la influencia veneciana realiza obras como La expulsión de los mercaderes del templo (National Gallery de Washington) y La curación del ciego (Museo de Dresde). En 1570 pasa a Roma, donde admira el estilo de Miguel Ángel y donde conoce a Giulio Clovio que será su protector; realiza el retrato de G. Clovio, otra versión de La curación del ciego (Parma) y de La expulsión del templo (Minneapolis), así como El soplón (M. de Nápoles). En Roma conoció a varios españoles relacionados con la catedral de Toledo y quizá fueron ellos los que le persuadieron para que viajara a España. Atraído por el mecenazgo de Felipe II y la posibilidad de colaborar en la decoración de El Escorial, en 1576 dejó Italia y, tras una breve estancia en Malta, llegó a Toledo en la primavera de 1577.

En Toledo realiza sus primeras obras en España en las que ya aparecen rasgos propios de su personal estilo como las figuras alargadas y estilizadas. A este momento inicial pertenece El Expolio que realiza para la Catedral de Toledo.

Hacia 1579 realiza El sueño de Felipe II o Alegoría de la Santa Liga que probablemente regaló al monarca. Logra que el rey, en 1580, le encargue para El Escorial la obra El martirio de San Mauricio y la legión tebana. La representación particular que hace el pintor del tema no gustó al rey que encarga a Cincinnato otra obra que será más de su gusto y se colocará en el retablo previsto para la veneración a San Mauricio. Al no contar con el favor real se marcha a Toledo donde trabajará hasta su muerte en abril de 1614.

En Toledo irá desarrollando su propio y singular estilo que evoluciona desde las figuras alargadas que van perdiendo corporeidad y se espiritualizan y en su etapa final pierden incluso realismo y adquieren una apariencia fantasmagórica; así mismo el colorido vibrante, la iluminación, la separación y diferenciación entre el mundo celestial y el terrenal, las composiciones asimétricas, el movimiento, los escorzos, la utilización de líneas diagonales... son rasgos que están presentes en sus obras. Además de realizar gran cantidad de encargos de tema religioso, también realiza multitud de retratos de miembros de la nobleza (Caballero de la mano en el pecho) y de intelectuales (Góngora) en los que se concentra en el rostro con gran realismo y captando la psicología del personaje.

Es ahora cuando pinta una de sus obras maestras: El entierro del conde de Orgaz. Realiza sus tres Apostolados, así como gran cantidad de representaciones de santos y retablos.

También realiza una serie de obras de concepción y realización muy diferentes que muestran la aludida evolución de su estilo. Así La oración en el huerto (en sus dos versiones de 1587-1596 y 1597-1607), La vista de Toledo (1595-1600), La vista y plano de Toledo (1608-1614), El Laocoonte y sus hijos (1610) y la Visión del Apocalipsis (1608-1614) son obras que realiza paralelamente a otras de factura más habitual y que nos muestran hasta dónde llegó el pintor en la ejecución de su particular y sorprendente estilo, anticipándose a la modernidad de tal modo que su pintura fue realmente comprendida y revalorizada a partir de las vanguardias.

Tintoretto (1518-1594)

JACOPO ROBUSTI TINTORETTO (1518-1594) PINTURA RENACENTISTA ITALIANA ESCUELA VENECIANA

Pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco. Jacopo Robusti, que ese era su verdadero nombre, tomó el seudónimo de Il Tintoretto ('el pequeño tintorero') en alusión a la profesión de su padre. Siendo aún niño estuvo durante cierto tiempo en el taller de Tiziano, pero el maestro le expulsó celoso de sus posibilidades; el recelo entre estos dos grandes pintores perduró a lo largo de toda su carrera profesional. A diferencia de Tiziano, Tintoretto vivió y trabajó única y exclusivamente en Venecia. Toda su obra se destinó por entero a las iglesias, hermandades y gobernantes de la ciudad y zonas limítrofes.

En su estilo se funden el dibujo de Miguel Ángel, conocido en el Véneto gracias a la escuela manierista que allí se había creado y el colorido esplendoroso de Tiziano, culmen de la tradición colorística de Venecia.

En sus primeras obras, realizadas entre 1530 y 1540, se aprecia un sincretismo de otros pintores venecianos.Su primera obra documentada es el cuadro votivo Marcello (Lucerna 1537). Hacia 1540 ejecuta varias Sagradas conversaciones y Madonnas, como la del palacio Curtiss, que ya denotan la preocupación espacial, una de las constantes en la obra de Tintoretto.

Hacia 1547, ejecuta para S. Marcuola de Venecia una Última Cena y El Lavatorio, que puede considerarse como su primera gran obra maestra. En La Cena hay una gran ambigüedad de color, y un juego de claros y oscuros que mutuamente se resaltan y complementan. Los tonos densos, graves, recuerdan la manera de hacer de Bonifacio; las dos figuras laterales son alegóricas de la fe y la caridad, pero se utilizan también para cerrar la composición. Esta Cena de composición frontal es inferior al Lavatorio con que está emparejada. Lo que allí era un espacio cerrado y oscuro se convierte aquí en una magnífica sinfonía de planos y colores. La complejidad arquitectónica del escenario se ilumina por la derecha. El cuadro desarrolla el esquema compositivo del Banquete de Baltasar. Tiene la misma visión lateral de Tiziano en La Madonna Pessaro, pero lo que allí se coloca en un primer plano, T. lo transforma en un escenario, ampliado no sólo por la perspectiva lineal, sino por las luces y las sombras que se alternan. La «diopsia», consistente en exponer a la vez varios puntos de vista para expresar la tensión de fuerzas antitéticas, también está aquí presente. No es de extrañar que esta obra haya influido en la época veneciana del Greco, ni que Velázquez la comprara para España en su viaje a Italia.

Ya en su madurez artística se inclinó de modo progresivo hacia los fuertes contrastes de luz y sombra (con lo que el color como tal se convierte en algo relativamente insignificante), excéntricas y profundas perspectivas y escorzos muy forzados, componiendo ampulosos y llamativos grupos escenográficos que realzaban el dramatismo de los acontecimientos representados.

De hacia 1562 son las obras de la Scuola de S. Marcos. El hallazgo del cuerpo de S. Marcos recuerda a Mantegna en el cadáver del santo. En Rapto del cuerpo de S. Marcos, una tempestad apaga el fuego en que los fieles querían quemar el cuerpo del santo. El milagro del sarraceno es de clásica composición diagonal manierista. En las tres aparece el retrato del donante. En 1562-65 pinta una pareja de lienzos gigantescos para S. María del Huerto: El juicio final, donde la figura de Cristo está inspirada en un grabado de Lucas de Leiden, y La adoración del becerro de oro, cuyo estatismo recuerda un antiguo mosaico bizantino.

La predilección de Tintoretto por las composiciones diagonales y en zigzag dentro de profundos espacios, así como el carácter teatral de su iluminación y el dinamismo y pasión de su estilo, tuvo su continuidad en el trabajo de algunos pioneros del barroco, como por ejemplo el pintor flamenco Petrus Paulus Rubens y la familia Carracci. Su influencia sobre la pintura veneciana fue aún mayor.

Tintoretto influye en la pintura española a través de El Greco y Velázquez.

Murió en Venecia el 31 de mayo de 1594.

Tiziano Vecellio (1477-1576)

TIZIANO VECELLIO (1477-1576) PINTURA RENACENTISTA ITALIANA ESCUELA VENECIANA

Figura principal de la escuela veneciana del siglo XVI y configurador de su tradición colorística y pictórica, Tiziano, cuyo nombre completo era Tiziano Vecellio, nació en Pieve di Cadore, al norte de Venecia, entre 1488 y 1490.

Hijo de Gregorio Vecellio y el segundo de cinco hermanos de una de las familias más importantes de Pieve. A los nueve años es enviado con su hermano Francesco a Venecia; ambos entran en el taller del mosaísta Sebastiano Zuccato. Pasa después al taller de los Bellini y, por último, al de Giorgione, que en la Venecia de aquel tiempo era el pintor que ofrecía mayores novedades y un estilo diferente, y que en realidad es su maestro. La primera intervención conocida de Tiziano se produce precisamente ayudando a Giorgione en los frescos del Fondaco deI Tedeschi, en 1508.

Etapa juvenil. La epidemia de peste de 1510 obliga a Tiziano a abandonar Venecia y pasar a Padua, donde trabaja en la decoración de la Scuola de S. Antonio con la representación de tres milagros del santo. En estas obras, a pesar de la juventud del artista, aparecen los rasgos definitorios de su pintura: gusto por el color, habilidad compositiva, y figuras ampulosas y serenas. En 1513 rehúsa la invitación de Pietro Bembo para pasar a Roma y prefiere ofrecer sus servicios a la República, que le encarga una Batalla para la Sala del Consejo Mayor. La muerte de Giorgione en 1510 había dejado dueño del ambiente pictórico veneciano a Tiziano, que abre su propio taller.

La primera etapa de la numerosa obra de Tiziano está marcada por la tradición de Giorgione, como se ve en la Alegoría de las tres edades de la vida (1513; Edimburgo), donde en un paisaje típicamente giorgionesco se destacan las figuras con una mayor monumentalidad y donde los colores fríos de Giorgione desaparecen en favor de una gama cromática más cálida. Con ocasión de las bodas de Nicolo Aurelio y Laura Bagarato ejecuta la discutida alegoría, mezcla de elementos paganos y cristianos, El amor sacro y el amor profano (1515; Galería Borghese, Roma), es una de sus obras maestras.

Temas mitológicos y retratos. En 1516 inicia sus contactos con la corte de Ferrara, cuyo duque, Alfonso I de Este, le encarga varios cuadros de tema mitológico y pagano, que Tiziano llamaba «poesías», para decorar su gabinete de alabastro en el castillo de Ferrara. La Bacanal es, según Lafuente Ferrari, «una antología definitiva del Renacimiento». Obra de hábil ritmo compositivo, como se aprecia en el contraste entre las ebrias figuras de los danzantes y el espléndido desnudo de la mujer del primer plano. Esta obra sirve de pretexto a Tiziano para desarrollar su concepto del desnudo de belleza armoniosa, pagana y sensual, y su gran talento para jugar con las luces y las sombras.

El Triunfo de Baco (1522-23; Londres) pertenece también a esta serie. Aquí el pintor se inspira en Catulo y Ovidio, y evidencia su profunda cultura clásica. El movimiento de las figuras cobra una vitalidad pagana y anticipa un cierto espíritu barroco.

Una parte importante de la actividad de Tiziano en el primer cuarto del s. XVI la constituye su obra como retratista. Los retratos se mantienen fieles a un esquema formal: figuras individualizadas, seguridad en el retratado de su posición social e indagación psicológica. Sigue en un principio las directrices de Giorgione y luego busca su propio camino. Así, el retrato de Vicenzo Mosti (1520; Pitti), los de los dogos Grimani y Gritti (1523; Palacio Ducal, Venecia) y el de Federico Gonzaga (1525; Prado), cuyo rostro de noble y serena expresión destaca entre las bellas tonalidades azules del suntuoso traje.

En 1525 contrae matrimonio con Cecilia, con la que mantenía relaciones amorosas desde tiempo atrás y que ya le había dado dos hijos.

1530 es un año decisivo en su vida y su obra, ya que entonces conoce al emperador Carlos V en Bolonia, con motivo de su coronación imperial por el Papa Clemente VII. Carlos V se convierte en el gran mecenas del pintor véneto, quien a su vez es el retratista áulico del poderoso monarca, que le concede los títulos de conde palatino y caballero de la espuela de oro. Los retratos que Tiziano realiza en ese periodo responden a una nueva exigencia motivada por el rango de los modelos. Al realismo objetivo y sin concesiones del pintor se une ahora una idealización heroica. Pertenecen a este grupo el de Carlos V con su perro (1532; Prado), de preciosas entonaciones oro y plata; y el del Cardenal Ippolito de Medici (1532; Pitti), de arrogante presencia y expresión desafiante.

Etapa manierista. En 1532 comienza sus relaciones con el duque de Urbino, para el que realiza la Magdalena penitente (1533; Pitti), de cálidas tonalidades rojizas, en un paisaje patético y tormentoso. También pinta entonces la famosa Venus de Urbino (1538; Uffizi) una de sus obras más emblemáticas, de influencia giorgionesca, en la que plasma la belleza del cuerpo femenino con gran placidez y calma y que será punto de partida de otras venus posteriores y modelo para otros pintores como Velázquez y Goya. Empieza por entonces la etapa «manierista» de Tiziano, que ya se había manifestado anteriormente en algunos detalles del políptico de Brescia. Hasta 1550, se mueve en un mundo distinto, donde las formas se hacen más musculosas, los movimientos serpenteantes, las composiciones confusas y los contrastes muy fuertes. Así, La presentación de María al templo (1534-38; Academia, Venecia), de composición fatigosa y abundancia de elementos arquitectónicos, y la Alocución de Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto (1540-41; Prado), que se inspira en la Alocución de Constantino de Giulio Romano en el Vaticano, con figuras retorcidas y abundancia de personajes. Es, sin embargo, La coronación de espinas (1542-44; Louvre) el cuadro que mejor define al Tiziano manierista, por el modo de resaltar los elementos plásticos y formales.

En el retrato, Tiziano se deja influir menos por la corriente manierista. Los retratos de esa época son más perfectos, con una perfección que viene dada por la unidad de visión entre figura y ambiente. Los personajes se muestran con evidente presencia física y espiritual y con clara expresión de su carácter. Así, la gravedad de D. Diego de Mendoza, embajador de Carlos V en Venecia (1540-45; Pitti), o la contenida astucia de Paulo III (1545-46; Nápoles).

De Roma a Augsburgo. La poderosa familia de los Farnesio logra que acepte una invitación para trasladarse a Roma, adonde llega en 1545. Tiziano es objeto de un cálido recibimiento por parte de los cardenales Bembo y Farnesio. En Roma, entra en contacto directo con el arte clásico, a través de las ruinas de la ciudad, y trabaja sin descanso. Pero, a pesar de las atenciones de los cardenales y de estar alojado en el Vaticano, no se encuentra a gusto, a causa de las intrigas de los artistas, y decide regresar a Venecia. En junio de 1546 abandona Roma para, a través de Florencia, llegar a su ciudad. De esta etapa romana es la Danae (1545-46; Nápoles), primera de una serie sobre este mismo tema encargada por el cardenal Octavio Farnesio. Sin embargo, la obra maestra de su breve estancia en Roma es el retrato de Paulo III con sus sobrinos Alejandro y Octavio Farnesio (1546; Nápoles).

En 1547 pasa a Augsburgo llamado por Carlos V. En esta ciudad alemana abre un activo taller para atender los encargos que le solicitaban los personajes que se habían reunido en Augsburgo con motivo de la Dieta del Sacro Imperio. De esa época data una de sus obras maestras como retratista: Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548; Prado), de extrema sobriedad y sencillez, carente de énfasis y de retórica en favor de un acusado interés psicológico y expresivo. De igual calidad es el de Carlos V sedente (1548; Munich), magnífico de expresión y colorido, donde la materia pictórica parece disolverse perdiendo su consistencia. El retrato de Isabel de Portugal (1548; Prado) realizado cuando ya la Emperatriz había muerto, tomando como modelo un original flamenco, destaca por las tonalidades carmín de la lujosa vestimenta, la serenidad del modelo y el melancólico paisaje.

En octubre de 1548, está nuevamente en Venecia, pasando en diciembre de ese mismo año a Milán para retratar el príncipe Felipe, hijo del Emperador (el futuro Felipe II). En 1550, Carlos V le llama de nuevo a Augsburgo para que realice otro retrato de Felipe (1551; Prado), con objeto de enviarlo a María Tudor, reina de Inglaterra, futura esposa del príncipe. T. representa a Felipe II, que entonces contaba 24 años, con rica y adornada armadura en un hábil juego cromático y de luces y sombras. También de 1550 datan las dos versiones de Venus y el amor y Venus y la música (Prado), tema muy del gusto de Tiziano y donde el pintor da una perfecta interpretación de su ideal del desnudo femenino, al que envuelve en un colorido encendido y sensualmente preciosista.

Al igual que Carlos V, Felipe II gusta del arte del pintor véneto y le encarga obras de tema religioso y profano. De 1552 son: S. Margarita (El Escorial), donde los rasgos manieristas están acentuados por la densa estructura cromática; y S. Jerónimo (Milán), magnífico por el vigor de la representación y del color. Dentro de las obras mitológicas de tema pagano, pinta en 1553-54 Venus y Adonis y Danae (Prado). La primera está inspirada en Las metamorfosis de Ovidio y con ella alcanza su madurez en la representación del desnudo femenino. La Danae, con su factura rápida, sus contornos borrosos y su luz dorada y difusa, es la culminación de Tiziano. El contraste entre el bello cuerpo de mujer desnuda y la rústica vieja en la penumbra muestra la gran habilidad del artista para jugar con las luces y las sombras.

Último periodo. A partir de ese momento, la pintura de Tiziano pierde poco a poco materialidad para ganar en expresión cromática, como en El rapto de Europa (1559; Museo Gardner, Boston), Diana y Acteón y Diana y Calixto (1559; Galería Nacional, Edimburgo), donde su paleta abandona los detalles formales para indagar el proceso desmaterializador de la luz y del color. La muerte de su esposa y la de su íntimo amigo Pietro Aretino (1556) le dejan en una angustiosa soledad, que se refleja en las obras de su último periodo como en El entierro de Cristo (1566; Prado), de cálido colorido y técnica abocetada, y en La coronación de espinas (1570; Munich), donde abandona definitivamente los esquemas renacentistas por una atmósfera desolada y trágica, de extraordinaria fuerza expresiva. Su último Autorretrato (1567; Prado), de mirada fija y penetrante y «riqueza de color sin colores» (Lafuente Ferrari), y el retrato del anticuario Jacopo Strade (1567-88; Viena) anticipan esquemas y técnica de otro gran maestro: Rembrandt.

El fervor religioso de Tiziano se manifiesta en cuadros tan importantes como El martirio de S. Lorenzo (1554-67; El Escorial), obra ya decididamente barroca por la agitación de los personajes y los efectos del claroscuro.

Su última obra fue la Piedad (1570-76; Academia de Venecia), realizada para la capilla de la Crucifixión en la iglesia de Sta. María Gloriosa dei Frari, donde Tiziano quería ser, y fue, sepultado. En ella da el último gran mensaje de su arte, de su gran seguridad como pintor y una visión noble y grandiosa dentro de una atmósfera cromática, que llega casi a los límites de lo informal. La obra queda interrumpida por la muerte del artista (Venecia, 27 agosto 1576), víctima de la peste, y es terminada por Palma el Joven.